miércoles, 27 de septiembre de 2017

Poesía (S / T) de SANDRA "Tana" PASQUINI (Rosario)


Imagen: carrotsformichaelmas.com




¿Cómo hiciste madre para abrirme el pecho
y arrancarme el corazón?
cómo si fuese un ganglio
un tumor maligno
algo extirpable
un fruto inconveniente
el diapasón de la desgracia
¿cómo hiciste para hincar en él tu insaciable colmillo
tu despiadado diente?
¿cómo pudiste?
con qué prolijidad
con qué pericia
bajo qué luz tan fría pudiste consumar
tu pequeña malicia
y sentarte en plena oscuridad
a disfrutar a saborearla
cómo si fuera un algodón de azúcar
alguna golosina blanda
mi torpe corazón
¿cómo pudiste?

Del libro Q


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Sandra “Tana” Pasquini - nació en Rosario donde cursó la carrera de Abogacía. Se desempeñó como corresponsal para diversos medios de comunicación del país y el exterior. Llevó adelante como gestor y editor desde el año 1998 al 2000 un proyecto de literatura itinerante de libros-objeto, publicando en esa modalidad una media docena de títulos propios. Siguieron en 2001 “Otro sol” proyecto autogestivo; en 2007 “Compás de espera” editorial UNR; en 2014 “A mansalva ” editorial Textos Intrusos, en 2016 “Una lluvia que” proyecto autogestivo. Próximo a editar “Lanzador de puñales sobre silueta animada” poesía, Libro Q y Libro H ambos de poesía y “Las bocas de la noche” relatos.


Dice en "El infinito viajar" Revista virtual de Arte y poesía

En cuanto a la construcción de la escritura, ocurre que cuando estoy en estado de poesía, que bien podría decirse es “siempre”, todo sucede bajo ese influjo particular, esa expansión de los sentidos no premeditada, una forma de reflujo constante, como un atractor, un vórtice más o menos secreto y omnívoro por donde lo permeable es un estado del ser y allí voces y oídos, ojos y miradas, manos y tacto e incluso el silencio se expanden, se multiplican y se abalanzan sobre el poema para darle el cuerpo, para ofrendarse,  para ser la pila bautismal y el lugar del sacrificio. Entonces, un sonido en la radio al pasar, el verso de un poeta desconocido, un acorde, cualquier melodía, un gesto en un rostro nunca antes visto, un aguacero en plena calle, el golpe del viento quebrándose contra los cristales de la casa, la escena menos pensada de alguna película, ese modo de obsequiosa polifonía, todo alrededor, todo eso es materia de poema. 
Sin duda, una de las “bandas de sonido” favoritas de mi poesía es el cine, pero también lo es todo lo que existe porque de todo ello me viene la poesía, con su respiración constante, un hálito, un jadeo del cual no puedo ni quiero excusarme.

No concibo la manera no corporal de escribir pero por sobre todo lo demás no deseo escribir poesía que no sea de un modo “entrañable” (de entraña) donde hurgar la víscera sea la condición fundamental, como en una evisceración de la imagen y luego el escalpelo , la precisión de cirujano, las herramientas de pulimento, sean el exacto punto de lo innegociable.
Una escritura neural en la cual todo el sistema nervioso funciona como un mecanismo de relojería. Una escritura medular y sanguínea que en cada movimiento se desplaza a través  de todos los intersticios del cuerpo y los conecta o los hace estallar. Una escritura que es a la vez el humor vítreo fundamental sin el cual no hay mirada posible y la forma pierde definición, se borronea, desaparece.
Cuando escribo relatos el cuerpo se sitúa cómodamente como espectador ante una pantalla imaginaria que proyecta ficción y en ocasiones y de a ratos ese espectador cruza el espacio, lo abandona y atraviesa la pantalla para ser -hueso de personaje- en ese trasvasamiento está la esencia del relato.
Pero cuando escribo poesía soy yo y soy también el otro y a la vez soy la desambiguación de ese núcleo. Necesariamente tengo que escribir con la entraña entre las manos, como en una vivisección del cuerpo-lenguaje, del cuerpo-bomba, a punto siempre de volar en pedazos por el aire. Escribo siempre sabiendo que la escritura es lo ineludible en mí, lo que voy a hacer de cualquier modo y de todas las maneras desde la víscera para la víscera.

martes, 19 de septiembre de 2017

SOLEDAD poesía de CYNTHIA RASCOVSKY (Buenos Aires)



                                                                                                    Imagen: Carstel Witte


Siento en ocasiones ganas de morir
las fotos de cumpleaños toman olor
incluso los viejos dolores me toman de esposa.
Porque yo, en esta sensación de ausencias
veo dentro de mi cabeza
un mármol tatuado con mi nombre.
Estoy muriendo en esta mujer que bebo
soy blanco de brujas, soy el cadáver
para mis demonios.


martes, 12 de septiembre de 2017

Poesía (S / T) de LAURA GARCÍA DEL CASTAÑO (Córdoba)



Imagen: Cuerpos. Google.




Vivo
como un idioma que se va perdiendo
Invertida en las cartas
que la vida arrojó como panes
pude haber visto el amor, el dinero y el sueño
ocultarme en el mazo
de lo turbio
del mundo
Vivo como me desnudo
sin quedar desnuda
dejándome ver en pequeñísimas partes
que no muestran
la gravedad del todo,
su fuego
Vivo como duermo, muerta de frío
destapada en los pies
descuidada en su base
Me anudo como la tormenta al poema
adentro tengo el miedo clavado como un hijo de la locura
Vivo sin piedad
para no volver a vivir.



lunes, 28 de agosto de 2017

SACRIFICIO poesía de EDA NICOLA (General Deheza - Córdoba))


Imagen: Fred Ritchin



Es una muchacha, delgada, pequeña, un poco escuálida.

Lleva algo entre sus brazos, un pequeño bulto envuelto en trapos.

Camina en un inmenso desierto,

sobre el cual se ha trazado un camino de piedra pulida, o de barro

cocido, rojizo.

Sangre humana, reseca, se adivina entre las minúsculas hendiduras

de la piedra, molida y endurecida bajo el sol.

Protege un pequeño bulto que parece moverse entre sus brazos.

¿Salvará al pequeño ser, aún inconsciente, o lo lleva para entregarlo

a los señores del sacrificio?

¿Hacia dónde va, en el camino de piedra calcinada, casi quemándose

los pies, en este inmenso desierto?

¿Para qué o para quién los frutos de la vida, los frutos maduros que

caen del cuerpo de la muchacha, pringosos, ruidosos?

¿Para qué?

¿Es necesario este tránsito en el camino de piedra, endurecido con

sangre humana?


“Bajo la luz de una pequeña lámpara”, Editorial Llantodemudo, 2015.




lunes, 21 de agosto de 2017

"MALDECIR LA NOCHE" poesía de DARÍO OLIVA (Villa Mercedes)




Imagen: Google




He aprendido a maldecir la noche,
porque ya no salgo a encontrarme por sus calles,
y a respirar el cigarrillo de su insomne lumbre,
encerrado en estas geométricas paredes
que entumecen mis huesos
y la delicia de imaginarme
al sueño diferente a la vigilia,
pero no lo consigo,
y raspo con la palabra inoportuna
mis ojos y mi boca
en el espejo de un papel cualquiera
hasta la ceniza azul de la madrugada,
y doy una pedrada al ángel que me anuncia
la raíz del día en los rastros de un sol
que despereza su marcha,
y me pregunto que vendrá mañana
sobre la sombra del poema que me espera
para maldecir también la sangre y el esperma.

De LENGUA ROTA. 2017. Editorial GPU.










miércoles, 5 de julio de 2017

LA PIEL DE LA SERPIENTE poesía de LEONOR MAUVECIN (Córdoba)






Imagen: Google



”La serpiente me sedujo, y comí”
del árbol de la ciencia del Bien y del Mal
Génesis

I
Soy la piel exánime que despide la serpiente.
Ella se arrastra sigilosa entre la arena,
sólo su huella reconozco
marcada a fuego como un zigzagueante rayo.
Como el último vestigio de tormenta.
Yo soy el pelecho gastado y transparente.
Sólo una cuota más que se cobra el olvido.
II
Busqué la piel de la serpiente debajo de la piedra
y fue un puñal de obsidiana el que me atravesó el pecho
abierto y palpitante sobre el altar del templo.
Busqué el mensaje escrito en las escamas
y este había sido borrado por el tiempo.
No me resigné al ardiente desafío del desierto
con sus alucinaciones y sus espejismos.
No me resigné a la sed, a pesar de su acecho.
A pesar de que sus ojos me miraban.
A pesar que dejó su pelecho a merced del viento.
Mordí el veneno oculto en la manzana
y fue como morder la piel de la serpiente
con ella caí al fondo de cada precipicio donde habita la soledad.
Busqué la gota de agua en el vértice ignoto de la piedra
pero la secó con su piel, con su árido manto de escamas
hasta morir de sed.
III
La serpiente conserva su piel intacta, brillante y tenebrosa.
Esmeralda en el desierto, avanza indiferente.
A su paso las arenas se abren como un cuenco.
Alas de arena surcan la tarde.
Alas de arena que se pierden en el mágico embrujo del silencio.
La serpiente conserva su piel intacta.
Ella, la inevitable.
Ella, la condenada.
Ella, la que esconde la escritura de Dios sobre su cuerpo.
Ella, la de los insondables laberintos
siembra de vanos espejismos el desierto.




miércoles, 28 de junio de 2017

Poesía Nº 35 de MARIANA FINOCHIETTO (City Bell)



Imagen: AC Lebesnfreude GmbH




Ésta era la muerte,
entonces.
Este jadeo en pos del aire,
la mano que se estira
en busca de la luz.

Hay cierta belleza
en la afilada línea
que dibuja
la urgencia
en los huesos.
La muerte pule
a los cuerpos
como el mar
a las piedras.

Si se lograra,
por un instante,
despojarse
de la vanidad de la tristeza,
se podría observar
que jamás
esos ojos que se extinguen
tuvieron tanta luz.

De "La hija del pescador" - La Magdalena Editorial - 2016